Gracias Acame, me hiciste recordar mis libros de texto de primaria

Muy buenas las calaveras aunque confieso que la idea de tener un lugar en el tzompantli no me entusiasma mucho que digamos

Como sea, que bueno que se animaron. Yo les voy a fallar, entre azul y buenas noches nomás no se me ocurre nada, pero para seguir con el ambiente del pasado día de muertos los dejo con un poema que escribí hace tiempo en mi querido terruño.
Mezquitán* El aire huele a muerte
a calaveras de azúcar
y flores de cempasúchil,
lágrimas y recuerdos.
Oraciones que se escapan
por las grietas de lápidas centenarias.
Un rumor de nostalgias
se pasea entre las tumbas.
Aún hablan los que aquí duermen.
Abejas que zumban entre las cruces
y flores que se marchitan al sol
de un otoño que no se acaba.
La vida fluye
en el grito de la tierra herida,
esa que abre sus entrañas
para recibirnos en su seno
y hacernos dormir
mientras otros velan nuestro sueño.
Un sueño de muerte viva
que se ríe descarada de la Vida misma,
que nos mira fijamente
desde sus cuencas vacías
y nos estrecha en sus brazos de ceniza.
Ésta es la cara de la muerte
en mi tierra de ocre
donde por la noche
los ancestros vienen
para sentarse a nuestra mesa.
Entonces la luz de las velas no se apaga,
baila en nuestros ojos
con un extraño fulgor.
¿Es la muerte tan sólo un sueño?
¿El sueño de la vida
que es la Vida misma
y no deja de recrearse
en una eterna oración?
No. El sueño es la vida
porque aquí, en éste cementerio,
sólo la muerte es real…
* El panteón de Mezquitán, el segundo más viejo de Guadalajara y donde, como dato curioso, se encuentra un pequeño cementerio francés
